Y dice la canción…

¡Paco culiao concha tu madre!
Interludios de la lucha popular en Chile: los sonidos de la Unidad Popular y el estallido social.”

El problema del arte no es nada y lo es todo al mismo tiempo, porque se pregunta qué significan las palabras, cuál es su significado, cuáles son las palabras que usamos para decir, si la de los militares o la de los cantores y poetas chilenos.
Raúl Zurita

Resulta imposible realizar una visión completa, respecto a lo que está sucediendo en chile desde septiembre 2019, las fuerzas se sobreponen y recomponen conforme avanza cada jornada. El neoliberalismo made in Chile que ya dio de sí (para algunos) y jamás cumplió lo prometido. Una Constitución heredada de la Dictadura, que sólo ha servido para apuntalar un régimen social, desigual por decir lo menos.
El problema esencial es como abandonar el pasado de la Dictadura, tomar distancia de nuestro presente impotente y deshacernos de la élite que llevó a cabo el Golpe de Estado y se ha visto beneficiada desde entonces. ¿Qué hacer? El régimen pinochetista dejó como herencia una democracia maltrecha y una dictadura económica básicamente injusta. Se trata pues, de transformar el presente, clausurar el pasado que insiste en seguir gobernando a una generación de chilenos que no considera razonable mantener los postulados de una promesa falsa, largo tiempo incumplida.

En este sentido, las posiciones de los músicos chilenos al respecto son variadas y por momentos contradictorias. Las generaciones conviven penosamente en el presente de la lucha, los géneros musicales entrechocan y malsuenan juntos, por momentos hacen una música increíble. El ritmo social que en un primer momento surgió sin paternidad de renombre y se escapó del resguardo de los músicos, muy pronto se impuso sobre los músicos chilenos con un resultado muy diverso.

No pretendemos, pues, mostrar la totalidad del bosque sino, si acaso, algunos arbustos, algunas familias arbóreas y otras plantas recién nacidas sin tener del todo claro si habrá retoños o si lograrán crecer firmemente en el suelo vital de la cultura musical chilena. Buscamos no a los nuevos clásicos de la música de batalla, sino la simple y llana manifestación de los descontentos, las denuncias y los lamentos percibidos en algunos sones, algunos sonidos cuyo olor principal proviene del transpiración y el esfuerzo realizado durante la revuelta.

1.
Aventuranzas es un grupo de “jovencitos” que dotan de contenidos el mundo de la internet chilena. En otro momento y bajo otra circunstancia que no es la de la revuelta, se dedican a hacer vines para Instagram y You Tube. Hacen breves viñetas de la vida cotidiana de todo adolescente: las vicisitudes en la micro, el primer día de escuela, los noviazgos, etc. Pero resulta que se vino el “desmadre” social en Chile y ahora intentan ponerle música al estallido social. La cosa apenas cambia para ellos, siguen musicalizando la vida diaria de los jóvenes en un ambiente represivo, con pacos y milicos en las calle. Cancioncitas dance de menos de un minuto, rápidas y efectivas. Los chicos las aprenden fácilmente y seguro que circulan por todo el orbe adolescente, lo que nos da una idea del temperamento insurgente de los chicos nacidos después de la Dictadura.

2.
“Bicarbonato y limón ¡al frente!” Receta que se transmite de boca en boca, diluye los efectos de los líquidos envenenados que los pacos lanzan sobre los manifestantes. Atacan el ardor y ayudan a mejorar la visión. El manifestante antes, avanza enceguecido, a tientas entre el barullo de los incendiarios, bicarbonato y limón pues, así se restablece poco a poco la visión y la capacidad de lucha.
Los primeros días el músico se integra como uno más de los participantes de la protesta: a Pablo Chill-e cantante de Trap, se le ve llevando un costal de limones para repartir entre los que agitan la calle. Tiempo después se le ve embozado, junto a otros chicos en la calle. Y así como él, los músicos se pierden en el anonimato del común de la protesta. Se les señala posteriormente: Claudio Valenzuela de Lucybell, las hermanas de Yorka resistiendo desde su barrio, etc. Lo cierto es que a la mayoría de los músicos les coge la revuelta por sorpresa, dentro de sus casas, detrás de las pantallas de sus celulares, televisores y computadoras.

3.
Como los contingentes no esperan, se recuperan canciones heredadas de otras luchas. Algunas antiguas mas no envejecidas, persisten en la memoria del pueblo chileno: se retoma a Víctor Jara, a Violeta Parra, la gente, el pueblo les canta, no les deja morir. Les traen de nuevo a la vida para que hagan lo que nunca han dejado de hacer: dar sentido y una dirección a la esperanza contra el olvido y la injusticia de los crímenes beneficiados por la suerte del vencedor. De esta forma, la carta de Violeta Parra es recuperada por Mon Laferte, en sus primeras presentaciones (primero en su casa en México, después ya entre los manifestantes en Chile). Podemos verla recurriendo a la letra en su celular, es obvio que no se la sabe, que se encuentra por primera vez con ella, tiene sentido, es la composición a la que uno suele recurrir en tiempos urgentes.

4.
El derecho de vivir en Paz de Víctor Jara se cuece aparte, es resultado de un encuentro celebre entre distintos géneros, rock, sicodelia y folclor en las filas de la Unidad Popular. Es tal vez la canción más extemporánea de todas las que lograron sobrevivir a la implantación de la Dictadura. Su tiempo todavía es el nuestro, por ello, apenas unos días después de desatada la insurrección popular se reúnen un grupo de músicos de distintas generaciones y géneros musicales, convocados por la fundación Víctor Jara. El resultado es extraño, una voz juvenil, casi nueva, que convoca a la solidaridad con un Vietnam que aparece congelado en el tiempo, Ho Chi Min nos habla desde un pasado que ya no volverá, ido de manera irremediable. Como se le quiso olvidar sin ser prohibido, posee la fragilidad de un canto obligado a la amnesia inducida durante la Dictadura. Además, las voces no aparecen unidas sino que se han repartido el legado (a la manera de We Are The World) para poder cantarlo cada uno a su manera hasta armar un cuadro sónico contemporáneo que chirría y en su desafiar rechina la furia popular compartida de los primeros días.

5.
Una imagen del estallido social se puede explicar cómo esos primeros momentos, en los que nadie sabe nada, sin dirección aparente, es como el Big Bang de la lucha social, un estallido que sobrecoge a todos por su radio de onda pero, el estremecimiento perdura sin que se pueda saber a ciencia cierta hacia donde nos dirigimos. Son esos momentos en lo que uno debe confiar en la bondad del anonimato, bondad para con los débiles enfurecidos, el anonimato cobija a todos, los hace fuertes en la indefinición primeriza, muestra a la solidaridad como la única arma frente a los poderosos.
Han pasado apenas algunos días desde que los estudiantes comienzan a evadir los controles en las estaciones del metro. Unos pocos días desde que a partir de los enfrentamientos contra las fuerzas del orden se pretende imponer un toque de queda, tan novedoso como impensable en todos aquellos que solo recuerdan la Dictadura por el vergonzoso silencio de los padres. Es la primera noche del toque de queda anunciado. El silencio impuesto al anochecer es roto por una voz solitaria que es lanzada a la calle desde algún departamento, escondido entre los conjuntos habitacionales. Lo que nadie escucha es a la noche silenciosa. Entonces, una mujer con la voz educada del bel canto canta El derecho de vivir en Paz. Se escucha claramente la letra, una vez más es Víctor Jara recuperado. Todos los departamentos mantienen sus luces encendidas, escuchan con atención. La cantante continúa sin grandes perturbaciones, alguna voz le pide que se calle, pero otra más firme le exige a su vez respeto. La cantante sigue en medio del silencio ya casi al final un murmullo nace y cohabita con esa sección de la ciudad, para después estallar en gritos y silbidos de aprobación, todo esto sucede bajo el amparo de la oscuridad de la noche, son voces anónimas, unidas por el entusiasmo insurrecto generalizado.
Esa voz anónima pronto tuvo un nombre: Ayleen Jovita Romero. Joven soprano que ha participado apenas en unas cuantas producciones musicales. Lo interesante no es saber su nombre, bien pudo haber sido cualquiera. Lo realmente importante es que ese gesto soberano de dignidad y belleza pública se replicara en otras voces, otros cantos, otras canciones. La subversión tiene un efecto acumulativo, a la siguiente cantante que surja en algún otro conjunto habitacional se le unirá un guitarrista, proveniente de otra sección de los edificios. Estamos ante el comienzo de algo, una conversación publica entre seres desconocidos que tampoco se conocen, es del reino de lo político unir a los que permanecen aislados.

6.
Pero entonces, volvamos a la idea de un párrafo anterior: resulta que casi todos estaban encerrados, solo algunos barrios, algunos valientes desafiaron al toque de queda. La mayoría de la población, temerosa aceptó a regañadientes la imposición. Debemos suponer que de entre ellos, hubo algunos músicos. El encierro les sentó mal, comenzaron a componer, cada uno desafiando a su manera el encierro de todos, algunos componen teniendo en mente a los enfrentamientos. Cogieron sus instrumentos y comenzaron a soltar la pluma, la compu, la guitarra, el piano. De esta forma algunos raperos (¿y quiénes si no ellos?) comenzaron a rapear las noticias del día: un pueblo es invocado para que cumpla con su papel esperado, vengar los agravios que siguen acumulándose en la historia nacional (Esto pasa en Chile de Doble Cero, La Rebelión se Justifica parte II de 7.62 cal.)

Nano Stern días después comenzó a participar en las acampadas culturales con canciones que recitaban la represión, pero sobre todo el estallido (Santiago se está Quemando).

A la semana ya son muchos más los que liberan sus canciones, no es tanto el deseo de convertirlos en himnos como el deseo de participar desde una barricada sonora:

Despertamos de Noche de Brujas, Cacerolazo de Ana Tijoux, Paco Vampiro de Alex Andwandter, Yo si estoy en Guerra de los Ases Falsos.

Plata-ta-ta es un reggueton roñozo pero efectivo de Mon Laferte y Guaynaaz, todos quieren participar de alguna manera: mediante la denuncia, el lamento o el coraje que exige participación en la resolución del conflicto.

7.
Algo que me llama la atención es el recurso constante a la imagen de confrontación y violencia callejera de las manifestaciones en los clips encontrados en You Tube. El pueblo aparece como el héroe indiscutido pero, pacos y milicos comparten igualmente el espacio visual, por momentos parecen comerciales para tanquetas y bombas de agua antidisturbios.

El recurso realista del documento visual les acerca al reportaje, a la crónica de los días en furia. Hacen por tanto una suerte de periodismo musical, con pacos y milicos como los más claros enemigos, seguidos de Sebastián Piñera y agentes televisivos de la reacción (canal 13 et al). Las imágenes remiten más a las acciones de defensa que de ofensiva. Claros momentos de afirmación del poder popular los encontramos en los eventos de evasión de los torniquetes del metro, las aglomeraciones de las manifestaciones y sobre todo los eventos donde el colectivo se vuelve uno con el ritmo cantad

Es el caso del momento donde una orquesta “ciudadana” toca en la plaza Buenos Aires (otra vez) El derecho de vivir en Paz, o cuando la Orquesta Sinfónica de Chile interpreta El Pueblo Unido Jamás será Vencido por varias plazas de la ciudad de Santiago.

De todos los que he mencionado hasta ahora, la única que rompe el esquema aquí definido es Margus, intérprete de pop puro y duro en la tradición de las “grandes” baladistas latinoamericanas. Con Chile ya despertó se une a la lista ya mencionada de artistas insurgentes que le cantan a la revuelta pero, aquí es donde cambian los temas y motivos del canto, con toda fidelidad a la utopía social de la canción pop, su video muestra las imágenes de un pueblo unido y sin grietas, no hay confrontaciones con la policía, no hay tanquetas ni heridos. En su video se muestran tal vez, las imágenes mas afirmativas respecto a la representación de un pueblo en plenitud: Unido, feliz en su conformación insurgente, celebrando un triunfo que aun no llega. Se trata de un pueblo que despierta y se impone frente a quienes le han engañado sin que jamás se mencione quienes son o fueron, son imágenes pues, de un pueblo básicamente feliz, unido y en dirección a su liberación.
Los Himnos se convierten en nada sin la aceptación de su gente que los canta. Pienso en los compilados que surgieron recientemente a raíz del golpe de estado en Bolivia, se trata (a diferencia de lo aquí narrado) de torpes plagios del pop latino, celebran descarnadamente el poder económico y la dominación racial de la región de Santa Cruz por sobre el resto del país, abren un espacio musical a los estereotipos más vulgares alrededor de un pueblo indígena bueno porque es pasivo y sabe aceptar el poder centenario de los blancos. Vivimos en Sudamérica dos momentos complementarios de la subversión mundial, dos momentos que difieren en su sentido, es decir bailan a un ritmo distinto, no hay pueblo celebrando en Bolivia, la insurgencia es coordinada por las elites de Santa Cruz, aquellos que salen a la calle para defender los logros del gobierno del MAS son reprimidos, mientras que en Chile es innegable la insurgencia popular, el quiebre de un orden incomprensible para su población mas joven, esa es la diferencia..

8.
Avanzando en las semanas del estallido los sitios en internet, programas de radio y televisión comienzan a contabilizar “los sonidos de la revuelta”, se razonan genealogías que permiten dar cuenta de que efectivamente, “Chile despertó”. Como la gente canta, debemos investigar la ideología detrás de las canciones. Se recurre una vez más a Los Prisioneros, Illapu, bandas posgrunge de los noventas. Nadie comenta de la insurgencia Hip Hop, ¿Será porque ellos nunca se han ido y siempre han estado ahí, es decir, en la calle? La cosa comienza a complicarse para todos, se batalla con las genealogías pues estas tienden a repetirse, hay una serie de artistas imposible de eludir, ya sabemos quiénes son, algunos aparecen en la tele dando declaraciones, otros se encuentran convenientemente muertos o enfermos. Todos sirven para darle forma y sentido al movimiento que desde dentro, se siente más bien difuso. Hasta ahora no ha habido nadie que pueda mostrar cierta fidelidad con ese carácter, difuso, de andanada y marejada seca que tiene la insurrección. Mientras tanto todos intentan hablar, cantar, enredar, aclarar y recitar la marcha.
De esta forma no escuchamos la piedra en el casco, los privilegios, la tanqueta ofendida, la masa ocular, los ciegos convertidos, la intención tuerta del estado, el miedo de los padres, la euforia de los hijos, el terror de la riqueza allá en las alturas, la furia y el hartazgo, el entusiasmo insurrecto, el traqueteo de los guiones noticiosos, la mentira la omisión, los atropellados por los carabineros, los saqueos, las avenidas inundadas, el rumor de la gente al caminar por las calles desiertas, el subterráneo incendiado, los reportajes, las entrevistas, las declaraciones, las horas blancas, los duros amaneceres, las noches furtivas, las llamadas a deshoras, las búsquedas temerosas, los arrestados, los alienígenas, los que pueden los que no, los que tienen mucho, los que no, los que tienen suerte los que nunca supieron lo que era eso, los muertos.

9 (es decir, última)
Un jovencito hace cola para la postergación del servicio militar, se acerca una cámara y le ponen el micrófono en la cara, ¿quiere hablar? Son tiempos en que es bueno dejar hablar, que hablen, que se desahoguen, que digan hasta que se cansen. ¿También canta? Comienza por quejarse, la situación familiar es precaria, viven juntos en la misma casa los nietos, la abuela, la madre y el padre que se encuentra incapacitado, sólo tienen la pensión y lo que el gana haciendo trabajos temporales. Entonces se da el siguiente dialogo con el reportero, ambos sueltan lo siguiente:
1: si pues, somos caletas, mire los cabros todos esperando aquí, entonces, tenemos todos los mismos problemas, sabemos… ¿sabe qué? Voy a hacer una canción política, voy a contar todo lo que hemos vivido aquí, todo lo que hemos pasado, porque ya basta de abusos, pues si, ¿a dónde (vamos)? Todos aburridos ya gueón…
2: ¿eres cantante?
1: … Con todo esto que paso ¿ya usted cree que vamos a querer ser milicos?
2: ¿eres cantante amigo mío?
1: ¡nooooo! … después van a decir que nosotros somos asesinos y nosotros somos pueblo…
2: Oye espera, ¿Dijiste que tenías una canción para todo esto?
1: Si.
2: ¿Quieres rapear y cantar?
1: Si, Yo rapeo…

10
En Chile se canta, se rapea, se habla, se denuncia, se lamenta, se baila, sale a las calles. Llevan meses en la calle, no es el canto nuevo sino una nueva constitución la exigencia…que no se nos olvide.

Inti Meza Villarino 04- Dic- 2019

 

 

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