Víctor Pey Casado

(Madrid, 1915 -Santiago, 2018)

A pesar de que, es cierto, nacemos, vivimos y morimos en circunstancias sociales e históricas determinadas, la vida de una persona no se explica simplemente por estas circunstancias. Falta algo: el esplendor, la verdad metafísica que la sostiene. Es como si en cada vida hubiese dos vidas simultáneas, que en un juego de miradas enfrentadas cada una proyectase su luz sobre la otra.

En 1939 Víctor Pey escapa del fascismo en el Winnipeg, el barco carguero organizado por el poeta Pablo Neruda para llevar a los refugiados españoles de Francia a Chile. Diez años más tarde, en 1949, con la ayuda de Pey y Jorge Bellet entre otrxs, Neruda escapa de la “Ley maldita” en Chile, cruzando la cordillera hacia Argentina y de ahí viaja a Francia donde reaparece en un acto público junto a Pablo Picasso, en el teatro Olimpia de París. Estos dos hechos mirados por separado darían poco que pensar a la razón común, si no fuera porque uno proyecta su atracción sobre el otro, dialogando entre sí, intercambiándose el lugar, revelando una verdad sobre la vida, pero ¿cuál es esa verdad?

Víctor Pey Casado, nació en Madrid en agosto de 1915, hijo de Manuela y Segismundo, se crió en un ambiente antiautoritario y de ideas críticas. Su padre, escritor y sacerdote “anticlerical” terminó siendo perseguido por sus escritos contra la Iglesia y a favor de la desobediencia civil y, cómo deducirá el lector, terminó “colgando la sotana”. A Víctor lo volvemos a encontrar, esta vez como joven combatiente enrolado en la “Columna Durruti” que sale de Barcelona el 24 de julio de 1936 con el objetivo de liberar la ciudad de Zaragoza, en manos de las tropas franquistas. Pey dura poco tiempo ahí, puesto que en su condición de ingeniero es requerido por el gobierno republicano de Barcelona para hacerse cargo de la transformación de la industria civil de Cataluña en industria de guerra y luego, cuando las tropas franquistas asedian Barcelona, trasladar esa industria a la frontera con Francia. Él mismo considera que este fue el trabajo más importante que realizó durante la Guerra Civil (1936-1939). Pero, cuando cae Barcelona no hay tiempo para nada y el “derrumbe es completo”, por lo que Víctor y su hermano Raúl cruzan la frontera a pie: “felizmente llevábamos con nosotros una brújula y con esa brújula pudimos orientarnos hacia donde estaba Francia, la frontera francesa. Y un día, una noche mejor dicho, al llegar a una cima vimos que estaba alumbrado y ahí había algo. En la parte republicana estaban todas las luces de todos los pueblos apagadas para evitar los bombardeos. Así supimos que estábamos en territorio francés”.

La familia de Víctor permanece un tiempo en el campo de concentración Perpiñán, pero con la ayuda de la masonería francesa logran que a los Pey Casado los lleven a vivir a Lyon. Desde Lyon Víctor se traslada indocumentado a París y comienza a trabajar para el gobierno republicano español en el exilio, en la Rue Salazar. Trabajaba durante la noche y durante el día buscaba algún país que les diera asilo. Fue así como una tarde, mientras paseaba por el barrio, leyó una pequeña noticia en el periódico: el poeta Pablo Neruda se hallaba en París como cónsul especial de Chile para la selección de españoles que recibirán asilo en ese país sudamericano. Pey se dirigió de inmediato al consulado y habló con Neruda, éste anotó los nombres de él y de sus familiares, pero no prometió nada. Meses más tarde, el 4 de agosto de 1939 Víctor y su familia zarpan a bordo del Winnipeg desde el puerto de Burdeos: “Lo que sí recuerdo muy bien es que en el momento en que el «Winnipeg» levó anclas y empezó a navegar, en la popa del barco había un coro que ya habían formado los catalanes y empezaron a cantar L’Emigrant. Me causó una gran impresión que he recordado siempre”.

Unos pocos días después de llegar a Valparaíso, en uno de los actos de bienvenida para los refugiados españoles, el joven Víctor Pey conoce a Salvador Allende – entonces ministro de salud del gobierno de Pedro Aguirre Cerda – y ese día comienza una larga e intensa amistad que terminará violentamente con la muerte de este último en el palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973.

En Chile, la primera en encontrar trabajo es Diana, su hermana, que era profesora de piano y que comienza a dar conciertos en radio “Cooperativa Vitalicia” de Santiago y a llevar algo de dinero a casa. Poco después es Víctor quien obtiene trabajo como topógrafo y la familia va construyendo una normalidad. En década de los 40s Pey escribe algunos artículos para la revista “La Hora”, el único diario que se había opuesto al gobierno oligárquico de Alessandri (1932-1938), en los que explica y analiza los procesos políticos que desencadenaron la Guerra Civil Española. Por esos años traba gran amistad con Darío Sainte-Marie, periodista, quien en la década de los 50s sería fundador y editor jefe (“Volpone”) del diario Clarín, medio que en los años sesenta constituyó un fenómeno editorial en la prensa popular del Chile, pues utilizando un lenguaje atrevido, notas rojas y algunos desnudos (a veces con connotaciones machistas y homofóbicas) habían llegado a tener un tiraje de 150.000 ejemplares, bajo el lema “firme junto al Pueblo”.

Dentro del panorama mediático del Chile de aquellos años, Clarín interrumpía la hegemonía de los consorcios empresariales de derecha y, de alguna manera, quería representar las aspiraciones populares en ascenso. Bajo este clima Clarín apoyó la candidatura presidencial de Allende en 1969. Víctor Pey compró el Clarín en 1972 y le impuso una posición abiertamente combativa, con la que defendió “constante y contundentemente” la política del gobierno popular hasta el último día. Cada día “yo salía del diario de la imprenta…salía como a las 7 o 7:30 de la tarde que ponía en marcha la rotativa del diario del día siguiente y le llevaba un ejemplar del diario del día siguiente al presidente”. El día del golpe militar, a las 4:00 a. m., tropas del ejército ocuparon los talleres e impidieron la entrega del diario a las agencias de distribución, pocos días después la junta militar confiscó el Clarín. Víctor Pey fue otra vez perseguido y obligado a asilarse, esta vez en la embajada de Venezuela, desde donde salió rumbo a Caracas y desde ahí a Francia. En los años 90s junto a su amigo Joan Garcés fundó la “Fundación española Salvador Allende”, organismo que en 1998 fue decisivo en el arresto en Londres de Pinochet y su posterior juicio por delitos de lesa humanidad (genocidio, terrorismo internacional, tortura y desaparición forzada). Logró volver a Chile recién a principios de los noventa con el fin de la dictadura y se mantuvo activo en la lucha por los Derechos Humanos y por la memoria de la Unidad Popular.

En 2015 con motivo de sus 100 años, la Universidad de Chile le rindió un homenaje concediéndole la “Medalla Rectoral”, ocasión en la que expresó: “para nosotros Chile representó la libertad, conseguimos prontamente trabajo, aquí trabajé, aquí me enamoré (…) aquí apoyé al gobierno de Salvador Allende, líder mundial del socialismo sin derramamiento de sangre, la vía chilena al socialismo, con empanadas y vino tinto (…) aquí estoy ahora ante ustedes en este homenaje que tanto me honra”.

Hasta el día de su muerte, ocurrida el 5 de octubre de 2018, Víctor Pey intentó recuperar el Clarín sin éxito, a pesar de que en 2008 un tribunal internacional (el CIADI del Banco Mundial) ordenó la restitución del medio y condenó al Estado chileno a pagar 10 millones de dólares por su expropiación. Pero, la causa continúa abierta debido a la negativa de los gobiernos chilenos post-dictatoriales a reconocer esta sentencia. A sus 103 años de edad y mirando retrospectivamente el presente, Víctor hablaba con especial cariño de su desempeño como profesor de ingeniería industrial en la Universidad Técnica del Estado (UTE), de las largas veladas como consejero de Salvador Allende y, frente a los procesos revolucionarios que vivió y por los que se jugó, decía: “Mi posición frente a todo ello era una posición de una actitud incrédula respecto de los partidos políticos de ahí mis esencias libertarias que se mantienen todavía”.

La verdad es que la vida de una persona, la propia como la de cualquiera, es un misterio y no basta conocer sólo sus condiciones y sus causas. Vivir no consiste en nacer, crecer, trabajar, procrearse y morir. Para hablar realmente de una vida, de una vida política, es necesario hablar de un exceso que hace que lo invisible cobre vida. Para la vida de Víctor Pey, ex-combatiente de la columna Durruti, ingeniero de la República, exiliado en Chile, y allí constructor, profesor brillante, periodista, asesor del gobierno popular, incansable luchador antifascista; se trata de un exceso de valentía, de solidaridad y de dignidad.

2 thoughts on “Víctor Pey Casado

  1. Siendo egoísta se puede pensar que España perdió un luchador por la libertad y lo ganó Chile. Pero hay que ser generoso y pensar que Víctor Pey nunca dejo de ser un luchador de la Humanidad por la Libertad.

    Julio Ramos
    desde España

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