Helmut Frenz

(Olsztyn, 1933 – Hamburgo, 2011)

Lo llamaban el “Obispo”, pero el cargo que Helmut Frenz realmente ejerció fue el de “preboste” de la Iglesia Evangélica Luterana (encargado oficial eclesiástico) y con él se desempeñó en Chile entre 1965 y 1973, realizando diversas actividades. La polifacética personalidad de Frenz y su gran impacto, dentro y fuera de Chile, son difíciles de resumir en pocas palabras. Nacido en Olsztyn, en la actual Polonia, trabajó inicialmente como pastor en localidades rurales de Alemania, pero también participó en algunos proyectos internacionales como la “Conferencia Cristiana por la Paz”. Asimismo, se fue interesando cada vez más por la situación de los países del “Tercer Mundo” y comprobó lo difícil que era entenderla desde la distancia. Por ello, aceptó con mucha alegría la misión que en 1965 le confirió la Iglesia Evangélica Alemana (EKD) para ir a Chile.

Después de trabajar durante cinco años como pastor de una congregación de habla alemana en Concepción, recibió el apoyo de muchas otras congregaciones de habla hispana y en 1970 fue electo Presidente de la Iglesia Evangélica Luterana de Chile (IELCH), nombramiento que le significará radicarse en Santiago. Para entonces, Frenz ya hablaba español con fluidez. En la capital Frenz entra en contacto con miles de latinoamericanxs que habían huido de sus países a causa de dictaduras cívico-militares. En este momento las iglesias chilenas reaccionan ante el llamado de apoyo que el presidente Allende había hecho a luteranos y católicos, y cooperan indirectamente con la Unidad Popular. El mundo conservador del círculo de los alemanes del sur, se va desvaneciendo cada vez más. Aunque Frenz ha dicho de sí mismo: “nunca he hecho del socialismo una misión para mi vida”, en aquellos años lanzó duras críticas contra la desigualdad social imperante, solidarizó activamente con los desposeídos y defendió las ocupaciones de tierra, lo que le valió el apodo del “Obispo Rojo”.

Pero, su figura se hizo más conocida justo después, a partir de su compromiso con los perseguidos y proscritos tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. A partir del primer día posterior al golpe el “obispo” escondió gente en su casa a pesar de que, a causa de su cargo, tenía todavía relaciones con sectores golpistas y albergaba la esperanza de que la junta militar cambiase de rumbo. Pero, muy pronto se dará cuenta que los nuevos “gobernantes” son dictadores que violan sistemáticamente los Derechos Humanos. Esto lo lleva a un proceso de politización personal, lo que ocurre también dentro de otros grupos de la Iglesia Evangélica de Chile; al producirse luego la división interna dentro de ésta, Frenz será difamado por sus oponentes, esta vez, como el “falso obispo”.

A diferencia de muchos extranjeros que debieron huir, protegido por su cargo, Frenz pudo continuar su labor en Chile hasta 1975, período en el que participó activamente en el “Comité pro Paz” que más tarde se convertiría en la Vicaría de la Solidaridad. En octubre del 75 viaja a Ginebra a una reunión y la dictadura le niega el retorno. Reasentado en Alemania, continúa su trabajo de solidaridad con Chile, sigue ayudando a los refugiados políticos y en 1976 es elegido secretario general de la sección alemana de Amnistía Internacional. Política y solidariamente activo hasta su muerte, Frenz se mantuvo fiel a su fama de “Obispo Rojo”, destacando como teólogo de la liberación y activista de los Derechos Humanos.

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