Toon Mondelaers

(Balen, Bélgica, 1929 – )

¿Cuándo acaba realmente la formación de un sacerdote? Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), la respuesta que la Iglesia Católica dio a este pregunta fue: formación continua, aprendizaje continuo, siempre abierto y por lo tanto un camino sin final. También para Toon Mondelaers la decisión de ser sacerdote significó una larga marcha. Dicho camino lo llevó geográficamente desde el pueblo belga de Balen hasta la capital provincial chilena de Concepción; espiritualmente, desde la doctrina moral conservadora a una lectura materialista de la Biblia y, personalmente, del celibato a la decisión de renunciar al sacerdocio «y atreverse a amar».

Al terminar el Terziat, la última etapa de estudio en la formación del sacerdocio jesuita, Mondelaers tiene ya 35 años. Ha estudiado lenguas clásicas, tres años de filosofía, cuatro de teología. Pero ahora tiene por delante un curso de idiomas: español. La falta de sacerdotes en América Latina lo habían motivado a venir ir a Chile en 1964.

Cumple su misión en la Parroquia de la Universidad de Concepción (UC) en el sur del país. En Chile, desde 1961 las universidades habían entrado en un proceso de acumulación de conflictos, con ocupaciones de estudiantes en la Universidad Técnica en Santiago y en Copiapó en el norte. Mientras que en todas partes se luchaba por reformas democráticas, dentro de la polvorienta academia Mondelaers, como asesor de la asociación estudiantil Acción Universitaria Católica (AUC), intentaba convencer a los jóvenes universitarios e incorporarlos a la vida parroquial.

Pero., la Parroquia Universitaria no era en ese momento un bastión de piedad conservadora. Más bien, las convicciones cristianas progresistas por un compromiso más secular convergían y se acercaban a dialogar con movimientos tales como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fundado en 1965 precisamente en la misma Universidad de Concepción. En este ambiente los estudiantes invitan a Mondelaers a visitar los barrios pobres, a los campesinos y las comunidades mapuches y este contacto directo con la vida cotidiana del pueblo, lo politiza. Así, en lugar de catecismo, Mondelaers organiza en la Parroquia círculos de lectura de Marx y predica el compromiso social.

De este modo, a principios de la década de 1970, Mondelaers se unió a los Cristianos por el Socialismo (CPS), un movimiento de izquierda que había surgido dentro de la Iglesia Católica chilena. Incluso con más fuerza que teólogos de la liberación de otros países de América del Sur, los CPS analizaron la realidad en términos de una lucha de clases, en la que el deber de los verdaderos cristianos era comprometerse con los oprimidos, estando mano a mano con el gobierno de la Unidad Popular.

Para los obispos conservadores esto fue el infierno en la tierra, de modo que no es de extrañar que utilizaran el golpe de 1973 para limpiar sus comunidades de sujetos revolucionarios. Todos los sacerdotes de los CPS fueron declarados indeseables y expuestos a la persecución militar. Mondelaers desaparece y huye a una embajada en Santiago. De allí regresa a Bélgica.

En Bruselas asume una nueva misión: la ayuda solidaria a los exiliados chilenos. Organiza becas de estudio y alojamiento. Continúa su trabajo como sacerdote con el grupo del “Proyecto Calama”, un grupo de teólogos de la liberación que había sido fundado en Chile, y que se reorganizó en Europa después de 1973. También los CPS continúan su trabajo en varios países del viejo continente.

A nivel personal Mondelaers recibe también una lección. En un grupo de terapia con otras personas que habían vivido una experiencia similar en Chile, comentó que un día : “un terapeuta me preguntó: Antonio, ¿te atreves a amar? En una fracción de segundo, vi a toda la gente que había amado desde que era pequeño y pensé que debía casarme.” Él ya había encontrado su gran amor. Estando todavía en Chile, se había hecho amigo de Maruja Braekman, una mujer joven que se había ido a Sudamérica, también, con una organización juvenil católica. Como una relación secreta está fuera de discusión entre ambos ambos, él renuncia al sacerdocio y al Grupo Calama. Mondelaers permanece fiel a los principios de los cristianos por el socialismo y trabaja para este movimiento hasta hoy, que vive jubilado en la región flamenca.

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