Rosa Albina Garavito

(Santa Cruz, Sonora, 1947 – )

Para Rosa Albina Garavito, ir a Chile constituyó una doble liberación. En 1968, con solamente 22 años, había sido testigo de cómo el movimiento estudiantil había puesto en evidencia el carácter autoritario del Estado mexicano. Poco quedaba del legado de la Revolución Mexicana, del que el PRI, el partido gobernante, se había beneficiado durante décadas: Tierra y libertad, nada de eso. Finalmente, los jóvenes salieron a la calle y exigieron más participación y reformas políticas, pero todo fue en vano. En la víspera de los Juegos Olímpicos de verano en la Ciudad de México, el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz reprimió brutalmente las protestas. Solamente en la “Plaza de las Tres Culturas”, el 2 de octubre las fuerzas del orden y sus apoyos civiles asesinaron a cientos de personas, lo que fue el preludio de años de persecución a todo tipo de disidencia.

Garavito experimenta todo esto como un espectador distante, pues vive en Mexicali en el norte de México. Acaba de graduarse de la Universidad de Nuevo León. Se siente impotente y se pregunta qué futuro es posible en esta atmósfera de represión sofocante. Cuando ella y su novio José Luis Galindo reciben una beca para estudiar en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Chile, ella no lo tiene que pensar mucho.

Poco después de su llegada visita la Peña de los Parra, el legendario local de conciertos de Ángel e Isabel Parra, hijos de compositora y cantante folclórica Violeta Parra. En sus autobiografía “Sueños a prueba de balas“ Garavito recuerda el ambiente que había en la izquierda chilena, que estaba “conmovida por su suicidio“, ocurrido en febrero de 1967. Esa noche, Angel Parra tocó una canción compuesta en solidaridad con los estudiantes mexicanos. Pero, Garavito se siente liberada en este ambiente artístico: «Qué gran diferencia había entre estos textos y los boleros que había escuchado en el internado de Monterrey. Zitarrosa, Daniel Viglietti, los tangos de Discépolo, Cafrune. Si tuviera que elegir entre el chovinismo de las canciones mexicanas y la letra de estas canciones populares de Sudamérica, sin duda escogería las últimas».

Qué significa tomar decisiones, es algo que Garavito sabe desde pequeña. A la edad de cuatro años, decide ir con su hermano mayor a la escuela primaria: ¿por qué debería solo él aprender? La familia recién se acababa de mudar a la ciudad fronteriza de Mexicali pues sus padres, que apenas tenían lo suficiente para vivir de sus sueldos de maestros, ven en en este cambio una oportunidad de empezar de nuevo. La despreocupada juventud de Garavito en el barrio obrero de la Colonia Benito Juárez, llega abruptamente a su fin cuando un general corrupto se apropia estas tierras. Su padre organiza la resistencia, y a consecuencia de ello, es encarcelado durante un tiempo. La familia se queda sin hogar y Garavito, de 15 años, pierde la fe en un campamento al lado de las vías del tren:»A partir de ese día un ángel caído vive en mí, rebelándose contra toda injusticia.»

Como estudiante, le surgen rápidamente dudas sobre los postulados de la economía neoclásica. En el Monterrey de los años sesenta, el contraste entre ricos y pobres es impactante «y la economía que me enseñaron no daba explicación para ello; era más bien una técnica, no una ciencia». Mucho más interesante le parece lo que oye en un curso optativo sobre Historia contemporánea, en el que una profesora comprometida bombardea semanalmente los dogmas católicos de la clase con textos de Friedrich Nietzsche y Simone de Beauvoir. Su cabeza gira, se convierte en una convencida defensora de Rousseau: «El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe». Durante este tiempo establece nuevos diálogos y busca sus fuentes teóricas. Parte de esta búsqueda la encuentra en una organización de jóvenes jesuitas que va a la vanguardia y que simpatiza desde hace tiempo con el movimiento estudiantil. «Las diferencias se disolvieron en la pasión por cambiar el mundo sin mucho alboroto», recuerda. Muchos de esos religiosos se unieron a los grupos guerrilleros mexicanos después de 1968 y, más tarde, fueron perseguidos y difamados por la derecha como traidores.

En 1969, no obstante, Garavito todavía está lejos de esta realidad. En la FLACSO aprende las tesis centrales de la Teoría de la Dependencia en los seminarios del sociólogo argentino Enzo Falleto y del brasileño Ayrton Fausto, aprende, por ejemplo, que el subdesarrollo no tiene nada que ver con una etapa en el camino del desarrollo hacia el Primer Mundo. Lee a Marx y baila al son de Unidad Popular: Durante la victoria electoral de Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970, recorre algunos barrios de Santiago en su Fiat 500, salta de alegría. Ella se siente experimentando el comienzo de algo nuevo. El «paréntesis chileno», como ella llama a estos dos años, se convierte en un momento crucial de su formación.

Y sin embargo, a principios de 1971 decide regresar a México. Los periódicos y el correo le traen noticias del arresto y asesinato de antiguos amigos suyos, y de grandes movilizaciones en varias facultades. Garavito trabaja como profesora un semestre en Mexicali, luego regresa a Monterrey clandestina. Su grupo, mal preparado, es sorprendido por las unidades policiales el 17 de enero de 1972. En la acción una de sus compañeras muere y ella misma sale gravemente herida. A ello le siguen meses en el hospital y años de inseguridad jurídica, la que se prolonga hasta su amnistía declarada en 1980.

Mirando hacia atrás, Garavito no se arrepiente de nada. Aunque hoy en día aconseja no «tomar el cielo por asalto», considera que la lucha armada en México hizo una importante contribución a la democratización del país. Desde 1994, como cofundadora y diputada del Partido de la Revolución Democrática (PRD), siguió participando y se unió al Ejército Zapatista de Liberación (EZLN) «que tenía la capacidad de escuchar a la sociedad, de dejar las armas a un lado y de sustituirlas por el diálogo, por el poder de la palabra».

Tuvo y sigue teniendo una relación especial con Chile. Fue allí, en los inicios de la UP, donde desarrolló su mirada feminista «porque a pesar de la emancipación de las mujeres chilenas, el espectro del machismo seguía circulando en la sociedad». Y Chile también constituyó un tema central en su trabajo académico, por ejemplo, con estudios comparativos sobre el régimen chileno bajo Pinochet y la «dictadura casi perfecta» del PRI en México. Garavito está segura: «Desde Chile pude también conocer y analizar mejor mi país».

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