Mirta Palomino

(Buenos Aires, … – )

«A principios de 1971 fuimos a Chile con un grupo de amigos de estudio como turistas políticos. Estaba totalmente embelesada por lo que estaba pasando allí», así recuerda Mirta Palomino el primer contacto con el país transandino. Regresa a Argentina pero por poco tiempo, «porque vivir en una dictadura militar no es particularmente atractivo”. Mirta conoce a Héctor, quien, como ella, es fanático de la Unidad Popular. Quieren estar allí, «para construir el socialismo en Chile y formar una familia». Los hogares de los padres de la joven pareja están conmocionados, todo está sucediendo demasiado rápido. Antes de su partida se casan regañadientes, en parte para beneficiarse de los regalos de boda. En retrospectiva, un golpe de suerte, porque los trabajos prometidos por los amigos socialistas en Arica, en el norte de Chile, ya no existen a su llegada. Así que se quedan en Santiago y viven de los regalos de boda durante los primeros seis meses, van a manifestaciones, eventos culturales y debaten con los nuevos vecinos – «Toda nuestra vida tuvo lugar prácticamente en la calle”. Lxs dos consiguen trabajo en la universidad. El trabajo de Mirta tiene un carácter más administrativo, pero ella lo ve como un importante grano de arena para la construcción de una nueva sociedad. Los fines de semana, a menudo viaja a los barrios pobres con Héctor y otrxs amigxs para realizar trabajos voluntarios: en obras de construcción, seminarios políticos o cursos de alfabetización.

Mirta se da cuenta de las diferencia con Argentina, «porque todos nuestros amigos de la universidad vinieron de familias de médicos o abogados. Nosotros, en cambio, fuimos los primeros de la familia en ir a la universidad». En Chile la academia era todavía bastante elitista y le tomaría tadavía tiempo para abrirse. Asimismo el cambio de los roles de género se veía igual de lento. «Cuando recogíamos a los amigos para comer o salir, las mujeres se quedaban en casa con los niños. Era horroroso». Para ella misma está también negada la oportunidad de dar ejemplo de cómo criar a los niños de una manera diferente. Estando Mirta embarazada de siete meses, el golpe militar de septiembre de 1973 sacude el país. Los Palomino viven escondidos durante un mes, luego Mirta se disfraza de dama burguesa y consiguen salir del país legalmente: «Con esas ropas sobre mi panza los militares me trataron como a la Virgen María.» Para todos los argentinos que estuvieron en Chile durante la Unidad Popular hasta 1973, esa experiencia ha sido un vínculo común, «un poco como amigos para toda la vida. Fue un privilegio estar allí y haber experimentado la Unidad Popular».

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