Marta Harnecker

(Santiago de Chile, 1937 – Vancouver, 2019)

Marta Harnecker fue una mujer de muchos talentos. Estudió psicología y fue traductora del filósofo Louis Althusser, organizó comunidades cristianas de base, se convirtió en profesora de tango de los internacionalistas alemanes en un viaje en barco a Chile, dió clases de materialismo histórico a la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, finalmente fue asesora del presidente venezolano Hugo Chávez hasta 2006. Ella prefería verse a sí misma como mujer comprometida con la educación popular, traduciendo teorías y hechos complejos a un lenguaje comprensible, creando herramientas de emancipación política para que la gente educada jugara un papel determinantes en los procesos revolucionarios.

Marta crece en Santiago de Chile como hija de inmigrantes austriacos. La niña asiste primero a la Escuela Monjas Argentinas donde rápidamente participa en las actividades sociales de la Asociación de la Juventud Católica (JEC). Conoce los barrios pobres de la ciudad y conoce a Mariano Puga, sacerdote que se convertiría en un conocido teólogo de la liberación. Durante sus estudios de psicología en la Universidad Católica, Marta continuará su compromiso de ayuda a los pobres con Acción Católica (AC) y se distanciará cada vez más de su extracción burguesa. En las vacaciones de verano trabaja en la fábrica de pastas Lucchetti y duerme en las instalaciones de la fábrica, junto a otros estudiantes. Durante esos días sólo hay pasta.

En 1960 Marta viaja a Cuba y queda deslumbrada con los cambios revolucionarios que se están dando en en la isla. De regreso en Chile, se compromete con una “iglesia cristiana revolucionaria”. Hace muchas amistades, entre ellas con Jacques Chonchol, el futuro Ministro de Agricultura de la Unidad Popular y el sociólogo Tomás Moulián. En las reuniones de la juventud democristiana conoce además a su compañero Rodrigo Ambrosio. Junto a él y otros cinco compañeros solicita y obtiene una beca de estudios en París. En 1963 parten de Valparaíso rumbo a Barcelona.

A parte que dedicarse a sus clases de psicología, Marta se interesa cada vez más en la obra y la vida de Karl Marx, realiza un viaje en auto-stop por toda Francia y de lectura lleva su biografía. De vuelta a París funda junto a otrxs estudiantes un círculo de lectura del El Capital. En una oportunidad un participantes, sacerdote comunista, la anima a invitar al filósofo Louis Althusser a dar una charla. Althusser rechaza la oferta, pero le hace una contrapropuesta que será trascendental: la invita a asistir a su seminario universitario donde el filósofo se propone analizar El Capital de Marx. De este curso saldrá luego su famoso libro Para leer El Capital. Allí conoce entre otrxs a Pierre Lévy, Étienne Balibar y Jacques Rancière. En el seminario Marta prefiere no mencionar que, además de este intenso debate sobre la economía política, va a misa todas las mañanas y que sigue creyendo en el diálogo personal con Dios. Pero, en conversaciones con Althusser se entera de que él también ha tenido una educación católica. El marxismo no aparece necesariamente como un ateísmo, y el profesor la anima a una lectura abierta de Marx y proponiéndole un humanismo práctico sin dogmatismos. Para hacer más manejables los tres gruesos volúmenes de El Capital, Marta comienza a crear diagramas con las relaciones teóricas fundamentales y así entender los hechos complejos. Esa será en el futuro su marca registrada.

Estudiar psicología hace rato se ha convertido en un asunto menor, Marta renuncia a su beca y empieza a vender postales a lxs turistas en el Barrio Latino de París. Comienza a traducir algunos textos de Althusser para la editorial mexicana Siglo XXI y apoya en la calle las protestas de mayo de 1968. El mundo académico tendrá que esperar hasta su regreso a Chile a fines del mismo año, cuando comienza a enseñar economía política en la Universidad Católica y se convierte en investigadora del Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile.

Poco después de su regreso, en 1969, publica su libro, que aún se imprime y traduce en varios idiomas: Los conceptos elementales del materialismo histórico. Además de la universidad, Marta participa activamente en el grupo de izquierda clandestino “Ranquil” y tras la victoria electoral de Salvador Allende se une al Partido Socialista (PS). Durante la Unidad Popular asume varias funciones relacionadas con la educación popular. Su objetivo es de contribuir a que las mayorías puedan acceder a mejores herramientas de educación política. En 1971 la editorial estatal Quimantú le publica el primer volumen «Explotados y explotadores”, que será el inicio de una serie titulada Cuadernos de Educación Popular. Estos folletos de educación popular presentan una batería de conceptos políticos básicos y de formas de organización popular, pensando en que una «de las tareas más urgentes del momento es que los trabajadores se eduquen, que eleven su nivel de conciencia y se capaciten para sumir las responsabilidades que surgen del proceso revolucionario por el que atraviesa nuestro país».

Ya desde los tiempo de Francia – cuando Marta escribía bajo un seudónimo – trabajó como periodista para la revista Punto Final. En 1972 se convirtió en editora del semanario de izquierda Chile Hoy, que a partir de entonces apoyaría con una mirada crítica las políticas de gobierno de la Unidad Popular. Marta concede un lugar central en su trabajo al debate de las diferentes corrientes de izquierda que configuran el mapa político del momento. Discute con miembros del gobierno, con representantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), con guerrillerxs y muchxs internacionalistas, entre lxs que podemos mencionar a los sociólogos brasileños Theotonio dos Santos, Ruy Mauro Marini y al fotógrafo portugués Armindo Cardoso, los que colaboran permanentes en la revista. En Chile Hoy, aparece también el conocido análisis de Urs Müller-Plantenberg sobre las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 y numerosos reportajes de Faride Zerán, futura ganadora del Premio Nacional de Periodismo en 2007.

A medida que la posibilidad de un golpe de estado se hace más real, Marta consulta al gobierno si existe algún programa de protección para el personal de la redacción: «No, no hay», es la respuesta, entonces la periodista debe acude a las estructuras del MIR. Pero, de hecho el 11 de septiembre no habrá ningún plan de escape. En el desbande Marta llega a la embajada venezolana donde, entre otros, se encuentra con Victor Pey, dueño del diario Clarín y con Jacques Chonchol que habían encontrado allí protección. En febrero de 1974 sale hacia Cuba. En la isla caribeña participa en el montaje del documental La batalla de Chile de Patricio Guzmán y se reencuentra con Manuel Barbarroja Piñeiro, un revolucionario cubano de los días de la revolución que más tarde será hombre clave del servicio secreto cubano para América Latina; se casan e mediados de los años 70.

Marta Harnecker se mantuvo activa como escritora y periodista hasta su vejez. Durante su estadía en Cuba, organizó el boletín Chile Informativo y más tarde junto con Greta Weinmann fundó el Centro de Memoria Popular Latinoamericana (MEPLA) con la historia de los movimientos sociales latinoamericanos. En 2002, después de una entrevista con Hugo Chávez, éste la invita a discutir y aportar en la Revolución Bolivariana. A partir de allí, la chilena acompañó no sólo la emergencia del «socialismo del siglo XXI» en América Latina, sino que también fue una asesora crítica de algunos de los proyectos de cambio más esperanzadores. Hasta el final de sus día exhortó a los gobernantes a no olvidar «que detrás de ellos yace una larga historia de luchas sociales, sin las cuales su triunfo no habría sido posible». Los movimientos, por su parte, deben entender «que estos gobiernos ya no son los enemigos del pasado, sino que pueden ser aliados estratégicos en la lucha por sus derechos y la concreción de sus aspiraciones».

Marta Harnecker murió de cáncer en junio de 2019. Su partida deja un vacío en los movimientos revolucionarios, pero su figura trasciende como constructora de lazos políticos, como analista e internacionalista y como autora, cuya obra abre lo posible en lo imposible.

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