Lenin Torres

(Ambato, 1936 – )

A veces un libro hace toda la diferencia. En el caso de Lenin Torres, un estudiante de secundaria, son dos libros los que le dan la idea de convertirse en un revolucionario profesional. El primero es una representación de la Guerra de la Triple Alianza Sudamericana (1864-1870), en la que se celebran como martirio los planes de conquista, tan fanáticos como infructuosos, del dictador paraguayo Francisco Solano López. Una historia que no deja a un niño de 14 años sin marca. Afortunadamente, un poco más tarde también cae en sus manos una biografía del revolucionario mexicano Pancho Villa. Al leerlo, se identifica especialmente con la figura de un joven cadete que lucha por la tierra y la libertad en las filas del rebelde bigotudo. Luchar por una vida justa para todos, ahí hay algo.

Sin embargo, el joven Torres, que crece en una hacienda en el pueblo andino ecuatoriano de Cunchibamba, está destinado a una vida completamente diferente. En Quito asiste a la escuela secundaria para, algún día, llegar a ser un buen administrador de bienes. Pero en contra de la voluntad de su padre, se va al ejército. No para luchar por el acceso directo al Atlántico, como hizo Solano López, sino para convertir a Ecuador en una segunda Cuba. La exitosa agitación social en la isla caribeña en 1959 anima a Torres y a otros militares del Ecuador a apoyar a las células armadas de la guerrilla a principios del decenio de 1960. Con este objetivo, Torres se dedica a robar bancos en su tiempo libre, pero esto no funciona por mucho tiempo. Es arrestado y sentenciado a cinco años de prisión. Los planes para forzar su liberación mediante el secuestro de un avión fallan, pero finalmente es liberado bajo una amnistía general decretada por el gobierno.

José María Velasco Ibarra es presidente por quinta vez desde 1968. Apoyado por los militares, pronto se embarca en un curso cada vez más autoritario para lograr sus objetivos políticos. Torres no encaja en estos planes y debe ser eliminado. Tras el asesinato de un antiguo compañero de armas, huye por tierra a Colombia en 1971. De allí, por mediación del Partido Socialista del Ecuador, viaja a Chile, donde la alianza de gobierno de izquierda de la Unidad Popular intenta construir un socialismo democrático.

El socialismo chileno es todo lo contrario de la visión de Torres de una “revolución como palanca de emergencia”. En el aeropuerto es recibido por el personal de seguridad del gobierno de Allende, e instado a no abandonar los caminos civiles. Y así Torres se concentra primero en la familia y los negocios. Su esposa e hijos pronto lo siguen a Santiago, y con la ayuda de su padre compra un hotel en el centro de Santiago. Más tarde funda también una pequeña compañía de taxis. A su familia le gusta Chile, donde no solo el sueño de una sociedad más justa sin necesidad de un golpe violento parece hacerse realidad, sino que encima de todo hay espacio para un negocio de hospitalidad pequeño-burguesa.

No obstante, Torres sigue siendo escéptico y continúa manteniendo estrechos contactos con grupos militantes de toda América Latina. Visita en secreto el Movimiento de Liberación Nacional de los Tupamaros (MLN-T) en Uruguay, y su hotel se convierte en un punto de contacto central para los grupos de izquierda. Es un valioso mediador, pues mantiene también buenos contactos con el gobierno y los militares de izquierda chilenos, tales como Carlos Pratts y Alberto Bachelet. Su papel de empresario políticamente interesado pero pasivo es, desde el principio, una fachada brillante para su discreto compromiso revolucionario: desde el primer día Torres ha trabajado en Chile como asesor militar y tiene la tarea de hacer que los trabajadores estén en condiciones de defender los medios de producción. Por la noche, después de su turno, se desliza en el papel del «Compañero Carlos», que da lecciones de tiro a los trabajadores de las fábricas autónomas de Santiago.

A finales de 1972, Torres se preocupa cada vez más por el desarrollo político de Chile. Aumentan las manifestaciones de oposición, los ataques violentos y los actos de sabotaje. En el ejército, los opositores de la Unidad Popular hacen campaña para un golpe de estado. Convencido de que el camino no violento hacia el socialismo democrático ha llegado a un callejón sin salida, Torres intenta convencer al presidente Salvador Allende de que disuelva el parlamento e impulse el cambio social como un «dictador de izquierda”, con el apoyo de los militares que le son leales. Allende rechaza indignado, sellando así su propia sentencia de muerte. De eso Torres sigue convencido hasta el día de hoy.

Del mismo modo está convencido de su propio fin cuando es convocado por la policía de investigación chilena unos días después del golpe militar de septiembre de 1973. En ese momento ya ha dejado que la mayoría de sus nueve hijos vuelen a Ecuador, el hotel ha sido vendido, y su esposa , así como el resto de la familia, tienen boletos para salir del país en barco desde Valapraíso. Un día antes de su partida, sin embargo, debe presentarse de nuevo ante la policía. No hay duda: alguien debe haber delatado al Compañero Carlos. No obstante, el interrogatorio es puramente rutinario, y la fuga es exitosa.

De vuelta en Ecuador, Torres toma un puesto de dirección en la empresa de aguas residuales de su hermano. Por el momento, no tiene nada que temer de una posterior persecución política. En Quito manda el General Rodríguez Lara, un viejo amigo, No es hasta la década de 1980, cuando Torres vuelve a servir como militar, al apoyar a las fuerzas armadas en un conflicto fronterizo con Perú. Sin embargo, la mayor parte de su tiempo lo dedica a un hobby que descubre poco después de su regreso: volar con ala delta. Pronto se convierte en una verdadera profesión: se convierte en presidente de la asociación de deportes aéreos y trabaja como instructor durante muchos años.

Torres interviene en la política dos veces más. En el año 2000 planea derrocar al gobierno con un grupo de activistas militares e indígenas. La clase política corrupta y sus recetas neoliberales deben ser eliminadas. El objetivo es construir un estado socialista basado en la revolución bolivariana en Venezuela. Sin embargo, el plan falla. El segundo intento de tomar el poder, aunque más democrático, fracasa también: Torres se presenta a la presidencia en 2006, sin éxito. Lo que queda es su compromiso con el cambio social con todos los medios necesarios.

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