John Hall

(1935, Madrid – )

John M. Hall nace cuando España todavía era una república. Su padre, británico de nacimiento y su madre, catalana, se conocen antes de la Guerra Civil Española (1936-1939) y del ascenso la poder del general Francisco Franco, quien impuso un régimen dictatorial que duró hasta mediados de la década de los setenta. Pero el joven Hall, que mantiene la nacionalidad británica, crece como francés y vive aquellos sucesos desde lejos. Su formación es variada. A principios de los años 60 se gradúa en la Escuela Veterinaria Alfort y más tarde en el Instituto de Ciencias Políticas de París (Sciences Po). Por aquellos días Francia enfrenta su herencia colonial e intenta impedir la independencia de Argelia, la que no obstante obtiene su independencia en 1962. La experiencia de la Guerra de Argelia será para Hall, como para muchos otros jóvenes de su generación, un punto de inflexión en su definición como “internacionalista”. Se traslada a ese país en 1963 y desempeña por tres años como asesor de comunidades agrícolas en materia de producción de ganado. En 1966 recibe una invitación del gobierno cubano para trabajar en la estación de investigación agrícola de la provincia de Matanzas. Hall permanece en la isla caribeña por dos años.

¿Y las fotos de todas estos emocionantes trabajos y misiones? No hay ninguna. El interés de Hall por la fotografía documental no despertaría hasta 1968. Aunque vive los los disturbios de mayo del 68 en París, cuando los estudiantes ocupan la Sorbona y proclaman junto con los trabajadores una huelga general, no lleva aún la cámara consigo. Decide marchar a Brasil, donde trabaja para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en un programa de ayuda para la diversificación de la agricultura. Paralelamente, Hall se inscribe en un curso de fotografía en la escuela Enfoco en Sao Paulo donde su maestra será nada menos que la artista británica Maureen Bisilliat, quien más tarde despertá gran atención por sus expresivas e íntimas fotografías de comunidades indígenas en el río Xingu. En Hall se despierta un interés creciente por la fotografía. Comienza a documentar su entorno profesional. En Brasil, sus fotos giran en torno a documentar las religiones afrobrasileñas y la vida en las comunidades y favelas.

Después de su paso por Chile, Hall reanudará su experiencia como agrónomo. Tras la victoria electoral de la Unidad Popular en 1970, David Baytelman, un asesor cercano del recién electo presidente Salvador Allende, asume la vicepresidencia de la Corporación para la Reforma Agraria (CORA) y llama a Hall para que desarrolle un programa en la producción estatal de leche. Hasta el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 Hall trabajará en su aplicación. Al mismo tiempo, documenta con su cámara las manifestaciones y mítines en Santiago. Busca y encuentra en las “masas” miradas, gestos, emociones que entregan a esa multitud anónima no una, sino muchas vidas concretas. Menos conocidas, pero igual de emocionantes, son sus tomas de la vida cotidiana de la sociedad chilena lejos de las grandes calles y en las plazas.

Después de que Augusto Pinochet y los generales golpistas tomaron el poder Hall, como muchos otros asesores internacionales que eran partidarios de la Unidad Popular, abandonó el país. En 1974 reanudó su actividad profesional en el sector agrícola para la FAO en Túnez donde permaneció seis años. Más tarde, Hall trabajó como consultor para el Banco Mundial en África del Norte, Oriente Medio, el Sahel y en los Estados Unidos. Durante este tiempo continúa sus expediciones fotográficas.

Lo que siempre fue central en su mirada fotográfica fue «lo universal y no las diferencias que nos llaman la atención cuando nos acercamos a observar a los indígenas de la cordillera de los Andes, a los bereberes de la Jebel o a los descendientes de esclavos del noreste brasileño». La ternura de la madre mirando a su hijo, la mezcla de resignación y determinación del trabajador, la excitación de un manifestante son de la misma naturaleza, independientemente del país en el que viva o de la comunidad a la que pertenezca».

La excepcional perspectiva de este fotógrafo ha sido comentada por muchos críticos y artistas quines han destacado su diversidad, su magia y humor; pero quizá quien la haya descrito con mayor fuerza y sutileza haya sido el escritor y ex embajador de Chile en Alemania, Antonio Skármeta, cuando expresa: “a mi modo de ver John Hall consigue algo prodigioso, rara vez visto en los artistas de la cámara. En sus fotos de masas logra un equilibrio perfecto entre multitud e individuos, entre intimidad y expresividad, entre una corriente colectiva y una esperanza privada. Es asombroso ver cómo la fuerza compacta de las asambleas adquieren un valor poético gracias a la finura del detalle. Si quisiera mostrarle a un extranjero o a alguien de la generación más joven que se interesa por la política y la historia de este nuevo siglo, quién fue Chile entre 1970 y 1973, le pediría que estudiara las fotos de John Hall.

En 1998, Hall terminó su carrera en la cooperación internacional, pero no como fotógrafo. Desde los años ochenta cambió solamente los motivos de sus tomas, como explica en su sitio Web. Anteriormente, la gente había estado en el centro de su interés, pero «una cierta desilusión política, acompañada de una creciente conciencia ecológica», lo llevaron en los últimos años involucrarse más con la naturaleza y con el medio ambiente.

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