Ilse Schimpf-Herken

(Friesland, 1947 – )

Ilse Schimpf-Herken crece en Alemania en la región de Frisia. Para escapar de la estrechez y la tristeza de la posguerra se refugia en las historias de su padre. Él le cuenta a la niña cómo la familia, ya desde los años 30, mantuvo una posición «muy crítica» ante las autoridades locales nazis y, también, le transmite su sueño de emigrar a Chile. Una vez terminada la escuela, el camino de Ilse la lleva primero a Francia donde comienza a formarse como secretaria. En la primavera de 1968 una colega la convence de apoyar la protesta estudiantil. Las cerezas florecen en las calles de París, las canciones revolucionarias van de boca en boca e Ilse ayuda llevando colchones a la Universidad de la Sorbona para apoyar la ocupación de lxs estudiantes. Más tarde dirá que no fue el izquierdismo académico lo que la llevó a esta situación, sino un deseo de liberación y de construir una nueva «forma de convivencia social».

De vuelta en Alemania, Ilse comienza a estudiar sociología en la Universidad del Ruhr. Ahora ella sí quiere participar en el debate. Pero al igual que en París, experimenta una «fuerte supremacía masculina» en las aulas y en las reuniones de estudiantes. Así que huye hacia adelante: junto con cuatro compañeros de estudios solicita una beca para ir a Venezuela. Desde el principio, ella ve esta estancia de investigación como una escala y Chile sigue siendo el lugar de sus anhelos. En su camino hacia el sur, la joven científica adquiere conocimientos y experiencia, mientras que su interés se centra especialmente en la educación de adultos en contextos rurales. ¿Son los cuestionarios estandarizados con los que visita a los campesinos venezolanos el enfoque correcto? Sus dudas sobre este tipo de investigación social cuantitativa surgen rápidamente. Se va a México, país en el que en 1910 los campesinos realizaron una revolución bajo el lema: «Tierra y Libertad». Sin embargo hoy, 60 años después, Ilse recuerda con enojo que “la misma forma académicamente arrogante de discurso prevaleció en las universidades».

Pero, México se convertirá en una experiencia clave para ella: ahí asistirá a un seminario del pedagogo de la liberación brasileño Paulo Freire. El seminario se realizó en 1971, en la pequeña ciudad de Cuernavaca, donde Freire compartió y explicó su método de alfabetización de adultos en Sudamérica. Su enfoque de la alfabetización se basaba en la realidad cotidiana de las personas. Pala. Leche, son palabras fuertes que motivan el aprendizaje y la reflexión desde la vida cotidiana de la gente. Y el hecho no menor de que Freire había ya trabajado en Chile durante media década, hace que Ilse finalmente se aventure a mirar la realidad que hay “detrás de los Andes”.

En Chile gobierna ahora la Unidad Popular y para el gobierno socialista la alfabetización es también una prioridad. Basado en los métodos de Freire, el gobierno se encuentra elaborando un nuevo libro de texto para los cursos de alfabetización, al que Ilse es invitada a colaborar. La joven socióloga se encuentra de pronto en el papel de experta, con el que ella misma no se siente muy cómoda. Pero su estancia en Santiago no dura mucho. Ella quiere ver más del país, quiere saber de primera mano si el libro de texto que han preparado llega realmente a la gente y comprobar si el camino al socialismo podrá realmente incorporar a la gente «que ha estado condenada al silencio por la pobreza y la opresión». Así, invitada por la antropóloga chilena Sonia Montecinos, viaja al sur del país, trabaja e investiga en comunidades rurales e indígenas.

Vienen entonces meses formativos en los que Ilse toma conciencia de la dimensión intercultural de la educación para adultos y de la política económica. ¿Qué significa alfabetizar a los indígenas mapuches no en su lengua materna, el Mapudungun, sino en español?, ¿Qué consecuencias tendrá para la economía local de trueque si las mantas y ponchos de las tejedoras indígenas son compradas por el Estado?. Pero, desafortunadamente, tiene poco tiempo para profundizar estas preguntas. En 1972, la oposición emprende una campaña de difamación en contra de lxs extranjerxs, internacionalistas como Ilse, denunciándolas como como parte de una conspiración comunista mundial. Ilse no quiere convertirse en una carga para sus colegas y regresa a Alemania.

Después del Golpe de Estado de 1973, Ilse se convierte en una activa defensora de lxs chilenxs que huyen de la represión y van al exilio. En Hamburgo y Berlín participa en los comités locales de solidaridad con Chile. Es en Alemania, también, donde encuentra la distancia y el tiempo necesarios para procesar sus experiencias pedagógicas en una tesis doctoral: «Educación para la liberación. Paulo Freire y la educación de adultos en América Latina». Después trabaja como consultora para el Servicio Mundial de la Paz y enseña sociología de la juventud en la Universidad Técnica de Berlín (TU). Tiempo más tarde Ilse se dio a conocer por el proyecto de intercambio “Vagamundos”, un programa de educación continua para profesores de Alemania y Chile. Hasta el día de hoy, Ilse Schimpf-Herken dirige el Instituto “Paulo Freire” de Berlín y su compromiso con una «educación diferente» para un «mundo diferente», tanto en Europa como en América Latina, se mantiene intacto, como en sus años de juventud.

Ilse Schimpf-Herken

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