Armindo Cardoso

(Oporto, 1943 – )

El camino de Armindo Cardoso de Portugal a Chile pasa por Francia. «Huí a París porque tenía problemas políticos como opositor a la dictadura de Salazar (1933-1974)», comienza Cardoso su historia. «Hice los típicos trabajos de emigrante, estuve en la línea de montaje de Citroën cuando estalló la revuelta en mayo de 1968. Me di cuenta entonces de que no sabía lo que significaba vivir libremente”. Mientras las fábricas estaban en huelga, Cardoso redescubre su interés por la fotografía. Entonces, su pareja chilena lo convence de ir a Chile, contándole acerca del «país más democrático de América Latina en los años 60». Viajan a Chile junto a su hija de un año.

En Chile, Cardoso aprende el arte del retrato fotográfico de manos de un anticomunista, el polaco Bob Borowicz. Mientras que rápidamente el ánimo de su maestro se deteriora tras el triunfo electoral de la Unidad Popular, Cardoso recibe sus primeras comisiones independientes, entre ellas la documentación de un viaje del presidente Allende al sur del país, donde el gobierno quiere incorporar a los indígenas mapuche a la Reforma Agraria. Con esas fotografías Cardoso se hace famoso. Comienza a trabajar en el diseño de numerosas publicaciones para la editorial estatal Quimantú, y en 1972 es uno de los fundadores del semanario de izquierda «Chile Hoy». Semana tras semana, Cardoso ilustra la revista, en la que también figuran numerosos partidarios internacionalistas de la Unidad Popular. «Siempre tuve mi dedo en el pulso de los acontecimientos: Suministros de azúcar desde Cuba, nacionalizaciones de fábricas o incluso ataques de la derecha política», dice Cardoso. En su tiempo libre, participa además en algunas tomas en el rodaje del documental «La Batalla de Chile» de Patricio Guzmán.

En 1973, con el Golpe de Estado, los militares queman todos los negativos en la redacción de «Chile Hoy». Pero antes, Cardoso consigue enterrar varias cajas con más de 4000 negativos en el parque municipal de la Quinta Normal. Gracias a la ayuda de un agregado cultural francés, que no duda en tomar él mismo la pala, las imágenes son recuperadas y Cardoso las recibe unos meses más tarde en su exilio en París. Décadas más tarde hace una donación de los negativos a la Biblioteca Nacional de Santiago. «Chile fue una escuela importante para mí, no sólo en la fotografía, sino también políticamente», resume Cardoso. Con motivo de la Revolución de los Claveles, regresó a Lisboa en 1975. «Para entonces, mi ojo ya estaba preparado para captar la llegada de Portugal a la democracia.»

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